Actualidad
16 de julio de 2021

Tensiones entre la vacunación llevada a cabo por privados y el bienestar de todos

Una pandemia, como la que estamos enfrentando, genera múltiples discusiones en todos los ámbitos, desde lo ético y lo ontológico, hasta la capacidad de respuesta con que afrontemos el devenir histórico de nuestra especie y su papel en este planeta. Ello entonces comporta situaciones en donde se generen tensiones, que pueden resultar lógicas, pero que conllevan arduos procesos de escrutinio y análisis; es nuestro futuro el que se encuentra en riesgo, pero también los próximos paradigmas que planteemos los que impondrán las condiciones a venir.

Muestra de la reflexión anterior es el debate sobre la vacunación contra el COVID-19, y la tensión que se genera por la colisión entre el bienestar general y la libertad de empresa. Valga aclarar desde el inicio que en ningún momento se plantea una cooptación estatal de los medios de producción farmacéuticos ni mucho menos una liberalización total de la actividad de las empresas farmacéuticas que tienen bajo su égida la producción del anhelado preparado.

Establece la Corte Constitucional en la Sentencia C-352/2009 (M.P. Luis Ernesto Vargas Silva), que la libertad de empresa y la iniciativa privada, como fundamentos económicos del Estado Social de Derecho, tienen inmersas una función social que implica obligaciones para su ejercicio y no componen en sí un derecho fundamental. Es por ello por lo que el Estado debe actuar como agente interventor de la economía, a fin de conciliar los intereses privados de los asociados (Con protección constitucional) con el interés general de la comunidad, estableciendo límites o restricciones que permitan la prevalencia siempre del bien común.

El Estado cuenta con un papel de árbitro, de mediador, que busca equiparar cargas y acceso a derechos, pero siempre con la idea de la generación de riqueza y desarrollo del sistema económico de corte liberal y rentístico. Por ello, ninguno de los extremos planteados anteriormente resulta una solución a adoptar, por cuanto si se afectaría desproporcionadamente a uno de los actores en cuestión. Entonces lo más acertado sería que el Estado actúe como ese prestador de servicios, distribuidor de rentas y agente económico.

Pero entonces, ¿La vacunación se circunscribe dentro de algunas de las potestades de la tercera vía? ¿Debe el Estado regular la vacunación o vacunar directamente? o ¿Se debe ceder a la empresa privada la facultad de vacunar y someter el proceso al libre mercado?

Hay que empezar diciendo que las diferentes vacunas desarrolladas para enfrentar la situación global se volvieron en sí, un bien de muy especial estima por parte del mundo entero. Para nadie es un secreto que los máximos beneficiados, en términos

empresariales, fueron las grandes farmacéuticas que lograron desarrollar el fármaco, sin que a la fecha cuente con certezas absolutas sobre su efectividad. Por ejemplo, después del anuncio de la vacuna por parte de Pfizer, se produjeron ventas de acciones de la compañía que incrementaron el patrimonio de sus anteriores propietarios de manera abrupta1. Si bien pareciera que la venta fue planeada antes de la revelación, lo que quita un poco la duda sobre el abuso de información privilegiada en una transacción bursátil, no deja de quedar en el aire la manera con que unos pocos logran lucrarse mediante la pandemia.

Lo dicho permite ver los impactos directos que el éxito o fracaso de una vacuna puede tener en términos empresariales, sin que haya a priori una relación directa con los Derechos Humanos; es una suerte de situación ética frente al mundo empresarial. Pero incrementa su importancia exponencialmente, debido a que no se trata de un producto cualquiera, que pueda o no estar en boga o tener una demanda particular por algún tipo de demanda especial del mercado: Se trata de un producto cuya existencia contribuye al propio futuro de la humanidad.

Entonces, si la sola situación de que una empresa logre desarrollar un producto tan necesario genera dudas sobre el aprovechamiento de este, ¿qué tanto implicaría someter ese mismo producto a las reglas del mercado?

Sería contraproducente que pocos fueran los únicos capaces de fabricar y distribuir la vacuna, lo que conlleva a una situación de excesiva demanda y poca oferta. Ya de por si, este escenario se presenta. Por ejemplo, el mecanismo COVAX, que busca soluciones al problema de inequidad de reparto de las vacunas contra el COVID, se ha quedado corto a la hora de asegurar que los países más pobres puedan tener acceso al producto. Desde la OMS se han hecho esfuerzos para revertir esto, pero se advierte además que existe una acaparación del fármaco por parte de quienes tienen mayor capacidad de negociación, en obvio detrimento de quienes no se dan ese lujo.

Si a esa situación se le suma que no sean solo los Estados quienes puedan distribuir y controlar la vacuna, sino además grupos empresariales con ánimo de lucro y capacidad de negociación puedan comprar y distribuir a su conveniencia, es posible que se dé un desbalance aún mayor, entre ricos y pobres, sin que medie el elemento nacionalista. Hay quienes piensan que este desbalance se autorregula si todas las empresas compiten en igualdad de condiciones, ofreciendo el producto libremente y dejando que el mercado se encargue del resto. Esa, teóricamente, puede ser una concepción válida pero es poco probable que suceda, ya que las empresas se mueven por la obtención del lucro y no la necesidad de balancear inequidades a través de derechos y principios.

No parece ser una opción válida, de momento, que los privados accedan al producto para competir directamente en el mercado, debido a la abierta posición de desventaja con que partimos todos los ciudadanos. Debe entonces el Estado ser garante de la vida digna, la salud y el desarrollo sano de la economía, manteniendo el monopolio del control de las vacunas en cada país. Se requiere que el bienestar general perdure por encima de la oportunidad de negocio que representaría para los privados el acceso a este mercado tan lucrativo.

Incluso la Unión Europea ha tenido problemas con la distribución y abastecimiento de las vacunas requeridas para inmunizar a una población que, a priori, parece tener mayor capacidad económica. Países como Israel o la Gran Bretaña, que han avanzado sustancialmente en su capacidad de inmunización, no cuentan tampoco con la cantidad suficiente de vacunas aprobadas y eficaces para poder considerarse mas allá de la problemática. Las compras anticipadas y consolidadas han generado acaparamiento directo en estos países mencionados, en muchos casos por la capacidad de pago y gestión. Pareciera que imperase en muchos casos, con respecto a la consecución de vacunas, una suerte de Realpolitik contemporánea.

La realidad nos muestra que parece ser mucho mas equilibrado que sean los Estados quienes propendan por mantener el, de por sí ya afectado, equilibrio de derechos frente a la avasalladora capacidad de capitales privados. Peor aun así, entre países sucede una situación similar, ya que son países con mayor capacidad los que aceden primero a la vacuna. Las inequidades se mantienen si o si, pero se reduce considerablemente si se deja a la libre determinación del mercado y sus lógicas.

En un mundo ideal, habría una forma de efectuar control sobre las vacunas, de forma que todos los países lograran un acceso equitativo, sin que medien lógicas de mercado ni sentimientos nacionalistas. Las acciones afirmativas que se tomen, para lograr una vacunación global, deben siempre mantener como eje la consecución de una igualdad material para fortalecer a esos países que tienen mas restringido su campo de acción en el mercado farmacológico, propendiendo por una cooperación global. Hay que recordar que, al final, ningún país superará la emergencia sanitaria ocasionada por el Coronavirus, hasta que todos los países hayan logrado una vacunación efectiva y generalizada.

Pero hay otro punto. La eficacia de los estados en términos de despliegue de logística para llevar a cabo la vacunación masiva ha sido puesta en duda. Sin ir lejos, Colombia ha demostrado una vez mas su desconexión entre los niveles centrales y las realidades de los territorios mas alejados. A la fecha, han llegado una buena cantidad de vacunas, pero no es correlativa con numero de vacunados por día. Entonces se plantean soluciones como permitir a los privados el acceso a ese mercado, pero ello solo infiere que no existe una capacidad estatal total y universal. Los esfuerzos de la empresa privada son apreciados, y si su intención es contribuir ciertamente con la inmunización nacional, bienvenidos sean.

Pero si por el contrario, se permite por parte del gobierno colombiano que las vacunas inicien su camino al mercado, entonces es probable que las desigualdades aumenten. Por ahora, son las mismas farmacéuticas las que regulan el mercado, por cuanto imponen clausulas especiales que prohíben la reventa e incluso la donación. Pero el poder del lucro es fuerte, y en cuestión de meses, cuando la necesidad de inmunización supere la capacidad de los estados, el debate sobre si se deja al arbitrio del mercado este producto, tomará importancia de manera exponencial.

 

1 Diario El País: Especulación millonaria con la vacuna: las farmacéuticas disparan su valor con medicamentos aún sin eficacia demostrada. Consultado el: 20/marzo/2021. URL: https://elpais.com/economia/2020-11-16/especulacion-millonaria-con-la-vacuna-las-farmaceuticas-disparan-su-valor-con-medicamentos-aun-sin-eficacia-demostrada.html


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